Oasis y el Sahara
Los oasis y los grandes lagos salados anuncian la llegada del Sahara. Es el momento de prepararse para la aventura.
Aunque cada región de Túnez ofrece una impresionante variedad de paisajes, nada es comparable con lo que vas a encontrar en la zona de los grandes oasis, en los límites con el desierto del Sahara. Un buen lugar para comenzar el viaje es Tozeur, donde se encuentra el mayor de los palmerales del país. En realidad casi todo en esta ciudad tiene relación de una u otra forma con la palmera. Sólo tienes que callejear por su tortuosa medina, repleta de edificaciones de ladrillo, para descubrir el aprovechamiento absoluto que se hace de este árbol frutal. La madera de los troncos se utiliza para las vigas y las puertas, e incluso vale para la fabricación de muebles. Las ramas en cambio son buenas para hacer esteras, cestas y otros utensilios. Los huesos de los dátiles son la base de la alimentación de los camellos.
A unos 30 km se encuentra Nefta, uno de los grandes centros religiosos de Túnez con más de doscientos morabitos (santuarios). Los reconocerás por sus características cúpulas blancas. Su palmeral se encuentra protegido en una curiosa hondonada conocida como la Corbeille o Cesta, donde brota el agua desde las profundiades de la tierra. Se dice que allí se producen los mejores dátiles de la variedad deglet-nur, o dedos de luz, los más cotizados del mundo.

A LOMOS DEL LAGARTO
Para la exploración de las montañas no hay nada más romántico y que ofrezca ese ansiado puntito de aventura que utilizar Le lézard rouge o El lagarto rojo, el lujoso tren de los últimos reyes del país que ahora recorre los recovecos de un paisaje minero al norte de la población de Metlaoui, muy cerca de Gafsa. El viaje cuesta 18 euros.
Durante dos horas podrás contemplar las vertiginosas gargantas que se abren en medio de un paisaje de roca impregnado de diferentes tonalidades que van del rojo al amarillo. Después, en un 4×4 (con chófer desde 40 euros/persona y día) puedes conocer los pequeños oasis de montaña. Las ruinas del viejo pueblo de Tamerza, muy cerca de la frontera argelina, componen una de las imágenes más bellas de Túnez. Tomáte un café o almuerza en el Hotel Tamerza Palace. Desde aquí se contempla la mejor vista de la zona. El hotel está cerca del acantilado El Khanget, un lugar en el que brota una de las cascadas más caudalosas del país.
Un poco más al este está la población de Mides, construida en lo alto de una colina y también rodeada de fuentes y manantiales, o la frondosa Chebika, que esconde miles de años de historia, siendo la sucesora de la antigua población romana de Ad Speculum.
Fuente: deviajes.es