BARILOCHE TODO EL AÑO

A orillas del Lago Nahuel Huapí, en el corazón del Parque Nacional del mismo nombre, y en plena Cordillera de los Andes, la ciudad de San Carlos de Bariloche extiende sus brazos a los habitantes del mundo y les abre las puertas de la Patagonia Argentina. Bariloche está situado al oeste de la provincia de Río Negro. Es un espacio en donde el tiempo parece haberse detenido para que sus visitantes contemplen la prodigiosa belleza de su entorno, una escenografía natural andina que brinda el cobijo cálido y seductor de su fisonomía eterna y cambiante. Se distingue por sus características arquitectónicas y porque se encuentra rodeada de cerros, bosques, Montañas de Nieves Eternas, lagos y ríos. Ofrece al visitante las más variadas posibilidades de turismo, tanto convencional como de aventura, y se disfruta en cualquier estación del año. En sus calles aún se respira aire puro y el lago Nahuel Huapí nos confronta con la inmensidad desde cualquier punto de la ciudad. Caminar por los senderos de los bosques sigue siendo una maravillosa experiencia para estar a solas con uno mismo y en armonía con la naturaleza, lejos del estrés y la contaminación de las grandes ciudades. Frente al tumulto de la gran urbe capitalina, los cien mil habitantes de Bariloche aún conservan la idiosincrasia de un pueblo de montaña, que no sólo ofrece a sus habitantes, ávidos de placer y aventura, un manantial de vistas panorámicas y un encuentro constante con la belleza natural, sino que también les entrega la certeza de ser un crisol de razas y culturas lejanas, que se grafica en la influencia indígena y alemana de su propio nombre. La villa de San Carlos de Bariloche se inició como una comarca de montañeses, donde la mayoría de sus habitantes descienden de pioneros extranjeros: suizos, alemanes, austríacos e italianos. Ellos llegaron de Europa a establecerse en estas tierras, y trasladaron sus costumbres y forma de vida dando, incluso, origen a los productos regionales que hoy caracterizan a Bariloche. El asentamiento definitivo de pobladores en la zona se inició en el año 1881. Dos años después se construyó el Fuerte Chacabuco, cerca de la desembocadura del arroyo homónimo, en el Río Limay. Sólo constaba de tres ranchos de barro y paja, mangrullo y foso. En el 1889 se estableció junto al Fuerte (ya abandonado) Jarred Augustus Jones, con 1500 vacunos; y en el 1893, junto al lago, José Tauschek con su familia. Pero el primer hombre blanco que se afincó en lo que hoy es el centro urbano de Bariloche, fue Carlos Wiederhold. Este hijo de alemanes, procedente de Chile, construyó su casa y más tarde un local comercial, cerca del actual Centro Cívico. Se dedicó al comercio de lanas y mercaderías, y con el tiempo su establecimiento llamado "La Alemana", fue un centro de reunión de los pobladores de la zona. Se dice que debido a una carta que recibiera el ciudadano Wiederhold, erróneamente dirigida a "San Carlos" en lugar de "Señor Carlos" o "Don Carlos", fue el punto de partida para la denominación de la ciudad, que se dio el 3 de mayo de 1902, día de su fundación. A San Carlos se le agregó Bariloche, que es la deformación del nombre del paso cordillerano de Vuriloche, palabra de origen tehuelche, que significa gente distinta o diferente, de atrás o del otro lado. Al principio, ésta era una zona dedicada a la explotación agrícola hasta que empezó a ser visitada por turistas atraídos por sus paisajes y el ski, y todo el pueblo cambió el rumbo de su desarrollo económico. Bariloche es el portal de los lagos patagónicos. Cuenta con una experiencia turística de ocho décadas, una amplia diversidad de servicios que se sostiene en una importante infraestructura de hoteles de todas las categorías, y un movimiento anual de 650 mil turistas que visitan la ciudad.

Hay pocos lugares en el mundo en donde las estaciones estén tan marcadas como en Bariloche. La nieve que cambia abruptamente el paisaje en el invierno, la magia de los colores en la primavera, los largos y cálidos días en el verano, los matices espectaculares en el otoño, y siempre, la cordialidad de su gente. Si decide visitar Bariloche, no olvide que debe dejar atrás la prisa y la ansiedad propias del citadino de las grandes urbes. Y sobre todo, sepa que lo esperan una serie de experiencias que harán que la afamada villa de San Carlos de Bariloche nunca abandone el desván de sus recuerdos

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.